Notas

“Ganarás el pan con el sudor de tu frente…”

¿Es sacrificio o placer? El trabajo, según los catamarqueños

El trabajo es una actividad que dignifica o una forma de explotación. Dos posiciones sobre las que debatió la teoría social durante más de dos siglos y sobre las cuales no se encontró consenso. Lejos de los ámbitos académicos, en nuestra provincia se vuelve habitualmente, tal vez con otros términos y argumentos, al mismo dilema. ¿Los catamarqueños son realmente poco afectos al trabajo?, ¿la falta de “cultura laboral” resulta una suerte de fatalidad heredada?

Tal como lo asevera el mandato bíblico, el trabajo lleva por definición una cuota de “sacrificio” o de obligación insoslayable, pero esto varía según el cristal desde el que se lo mire. La tradición liberal, encabezada por Adam Smith, consideró al trabajo como actividad creativa y como fuerza impulsora del espectacular movimiento que nacía por el siglo XVIII: el capitalismo. Deslumbrado por los tiempos que surgían y por la capacidad del espíritu competitivo, el “padre del liberalismo” le devolvió al sujeto su protagonismo en una sociedad que se proponía colocar a la riqueza en el primer lugar de la agenda pública.

Un siglo después, horrorizado por los estragos que causaba este modo de producción ya establecido, Carl Marx evaluó que casualmente aquello que motorizaba la economía de su época no era otra cosa que el lugar central en el que se establecía una relación de explotación y que ella impregnaba el espíritu de la sociedad contemporánea.

Sin embargo, -y aunque muchos no lo crean- la escuela económica clásica, que aplaudió el capitalismo como forma de organización social, y el marxismo, que dedicó su existencia a defenestrarlo, tuvieron muchos puntos en común. Con miradas opuestas, marxistas y liberales coinciden aún hoy que la capacidad del hombre para trabajar resulta el engranaje clave para la producción de bienes y servicios en una sociedad. El valor es creado sólo por esta posibilidad humana.

El punto de la controversia, en todo caso, será: ¿resultamos humanizados o esclavizados a partir de nuestra condición de trabajadores? O, para traducirlos en términos consagrados por el saber popular: ¿trabajamos para vivir o vivimos para trabajar? Un amplio abanico de respuestas se abre ante estos interrogantes.

La mirada local

En reiteradas ocasiones empresarios de firmas nacionales y catamarqueñas aseguraron que la mano de obra local tiene, entre sus debilidades, falta de iniciativa y poca flexibilidad horaria, como dos características comunes marcadas por el sector privado. “De alguna manera, nosotros competimos en forma desleal con el sector público ya que éste ofrece a sus empleados horarios fijos y una estabilidad garantizada”, apuntó un empresario agropecuario.

La “cultura laboral” es un tema recurrente en los ámbitos de la dirigencia empresaria y es señalada como la causa de un mal que aqueja a la economía provincial desde hace décadas. La tradición estatal es, tal vez, una de las razones que explican esta forma de percibir la relación hombre-trabajo. El gobierno provincial y las gestiones municipales son los que mayor impacto tienen en el mercado de mano de obra y, a pesar de las oportunidades de los años 90, no abandonaron su rol de “gran patrón”. En Catamarca, cerca de un 40% de la población ocupada tiene empleo en algunos de los niveles estatales.

Info extra: Algunas opiniones

Consultados sobre las motivaciones en el trabajo, un 32% busca el crecimiento personal, un 27% estabilidad y un 20% trabaja por el salario.

Las ocasiones de desaliento pasan por la falta de reconocimiento en un 34%, la carga horaria en un 28% y el salario en un 22%.

Las relaciones interpersonales en el ambiente de trabajo no presenta mayores dificultades. Un 43% calificó a la relación con sus compañeros de muy buena, un 29% de buenas y un 11% de excelentes.

Un 56% de los consultados dijo que prefiere trabajar en el sector privado y un 43% optaría por el Estado.

>El sector público

A la hora de las opiniones relevadas, parece que el sector público no goza de muy buena reputación. “No hay premios ni castigos”, “Nadie controla y da igual trabajar bien o mal”, son algunas de las opiniones lanzadas por trabajadores que hoy prestan servicios en alguna oficina de la administración pública.

Sin embargo, la estabilidad resulta un atributo indiscutiblemente relacionado con el Estado. Un 66% de las personas ocupadas en el sector público eligieron la estabilidad como un factor de motivación en su lugar de trabajo. En tanto, esta opción baja a un 42% entre empleados de firmas privadas.

La predisposición al cambio podría resultar el “talón de Aquiles” de los empleados públicos. “Todo lo que es diferente a lo rutinario, se hace imposible abordar”, evaluó una funcionaria municipal y agregó: “la gente no acompaña, es muy difícil romper paradigmas. Los recursos humanos no están preparados para enfrentar al cambio”.

A su vez, una empleada del mismo organismo, opinó sobre el tema que “cuando se producen cambios, hay mucha resistencia por parte de los empleados. Si son positivos, los acepto y me siento bien, pero al principio te generan desconfianza o temor”.

La crisis económica  del 2001 podría haber mejorado la imagen del sector público como empleador ante la comunidad. No hubo despidos masivos, a pesar que la emergencia económica, pero con diferentes mecanismos, se echó mano del bolsillo de los trabajadores. En cambio, la empresa no tuvo reparo para desvincularse de sus empleados y reducir salarios como una reacción casi “natural” en épocas de turbulencia.

La empresa

La actividad privada no tiene una larga tradición en la provincia y, de una u otra manera, siempre estuvo bajo la sombra del sector público. Los cambios producidos a partir de los años 90 con la radicación de firmas comerciales de origen nacional, las inversiones mineras y la fuerte expansión de la producción agroalimentaria ofrecen nuevos rumbos para el paisaje catamarqueño. Con mayor o menor impacto, el mundo laboral experimenta un cambio cualitativo.

Algunos empresarios dijeron en voz baja que los cosecheros santiagueños y tucumanos tienen mayor experiencia, organización y disposición para las condiciones hostiles que presenta la actividad. Ello podría explicar la poca participación de mano de obra local en las fincas olivícolas en tiempos de cosecha.

Flexibilidad horaria, capacidad para el cambio e iniciativa personal, resultan las valoraciones que plantea la empresa moderna como criterio para la selección de personal. ¿Qué ofrecen como contraprestación? Carrera laboral y posibilidad de crecimiento personal resulta ser la moneda de cambio de las privadas.

Algunas firmas locales han implementado sistemas de incentivos y de evaluación de desempeño para contribuir a la motivación de sus empleados. Sin embargo, entre el personal del sector privado las quejas están centralizadas en las extensas jornadas de trabajo y en falta de consideración de los directivos para atender los problemas particulares de sus empleados.

“hay chicos que no les daba el tiempo para atender a sus familias y otros, por el mismo trajín diario y cansancio, han llegado a renunciar”, comentó una empleada de un supermercado.

“A la hora de reconocimiento, lo he tenido más de mis compañeros que del nivel jerárquico”, señaló un empleado de una empresa de servicios de salud.

Las expectativas

¿Qué busca la gente en el trabajo? Aparentemente la respuesta resultaría muy simple. La mayoría sin demasiadas discusiones marcaría como prioridad el salario como contraprestación a su tiempo y su capacidad. Sin embargo, un 32% de los trabajadores consultados indicó que anhela un crecimiento personal a partir de su trabajo y sólo un 20% señaló que el salario es la razón fundamental de su esfuerzo. No debe entenderse con ello que estas personas tengan poco interés en la retribución económica, sino que ésta resulta una condición obvia del contrato de trabajo. Además de ello, los trabajadores buscan algo más.

Por supuesto que la significación de este tema varía considerablemente si las consultas se realizan entre desempleados. Las personas que buscan empleo y no lo encuentran construyen una valoración muy diferente sobre el trabajo. Tener un empleo resolvería sus problemas económicos, afectivos y de autoestima, según la mirada que aquellos que están en la búsqueda permanente de un lugar en el mercado laboral.

En definitiva, hoy el empleo constituye un espacio de lucha desesperada por mantener el lugar o por conquistarlo, una permanente tensión entre jefes, que buscan alcanzar sus objetivos -económicos o políticos-, y empleados, que pretenden salarios adecuados y reconocimientos por su labor.

El siglo XXI nos encuentra tal vez en otro dilema. A esta altura, el capitalismo ha descubierto que las personas no trabajan más a la sombra del látigo o, en todo caso, los fantasmas son otros: las posibilidades del desempleo.

Por otra parte, los cambios operados a partir de las inversiones privadas están ofreciendo una nueva dinámica para los recursos humanos locales. ¿Podrá esta vez el “Estado Gigante” impregnarse de los paradigmas de eficiencia y flexibilidad para despertar del letargo al que ha condenado a sus empleados?

¿Podrán los empresarios abandonar su imagen especulativa para convertir al trabajo en capacidad transformadora de la realidad social, pero también de la vida cotidiana de las personas involucradas?

Fuentes consultadas: Trabajo monográfico Cátedra Sociología de las Organizaciones. Segundo Año Carrera de Recursos Humanos. 2004. IES “Gral San martín”.

Trabajos de Diagnóstico de Fernández, M. Gallo,C. Rasjido, C y Sanchez, G. IES “Gral San Martín”.