Vivir en Catamarca...
La Ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca se encuentra enclavada en el sector Noroeste de la República Argentina, técnicamente la mayor proporción de su territorio es de clima árido, presuntamente protegida por los cordones montañosos del Ancasti al Este y el Ambato al Oeste, secundados por los cerros de Gracian al Norte, dejando la gran ventana al Sur, por donde eventualmente ingresan los sistemas húmedos, o las grandes tormentas de verano.
Desde afuera, y sin conocerla se puede presumir sin vientos, con clima apacible y agradable, y si a esto le agregamos que la recorren dos ríos importantes como El Tala y el Río Del Valle, la supondríamos un vergel o una fotografía de calendario.
Pero la realidad es un tanto distinta, y esto se confirma a medida que se ingresa en el estudio del comportamiento de las variables meteorológicas. El Servicio Meteorológico Urbano en la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNCa, cuenta con más de diez años de almacenamiento de datos y se constituye en un Archivo Estadístico confiable y serio a la hora de un estudio profundo del clima de la ciudad. En él se afirma que ese clima es apacible, con veranos muy cálidos pero de noches agradables; e inviernos suaves, donde se alternan temperaturas cálidas y algunas ocasionales heladas, pero... cuando menos se lo espera aparece “nuestro nunca bien ponderado VIENTO NORTE”, que se constituye en el factor preponderante del accionar cotidiano de todos los capitalinos.
En este sentido, y como vana observación, sería conveniente que en las pantallas de televisión de los catamarqueños, no pueden ser los mismas datos meteorológicos que los que muestran para la ciudad de Buenos Aires, donde se proyectan sus factores preponderantes, tales como Temperatura, Humedad Relativa Ambiente y Sensación Térmica, pues a ellos sí los “mata” la humedad, pero en éstas latitudes, donde la humedad rara vez supera el 40%, el factor preponderante que esperan conocer los televidentes es la ocurrencia y la velocidad del viento, que altera la humedad, la visibilidad, la temperatura, y ... “hasta el humor de los catamarqueños”.
Lo que el viento se llevó...
El viento es un fenómeno meteorológico que se produce por una depresión, o una baja de Presión Atmosférica que forma una corriente de aire entre una Alta y una Baja, que son los elementos indispensables para motorizar este micro-sistema. O sea, (y que sirva de ejemplo): como una gran masa de agua que corre de un lugar más alto a otro bajo hasta colmatarlo.
Volviendo al viento, sería que esta masa de aire se desplaza en ese sentido hasta lograr equilibrar las zonas de distinta presión. Y es justamente lo que acontece en gran parte del Valle Central de Catamarca, y que tienen que soportar sus pobladores con intensidades que en algunas oportunidades llegan a medir 60 o más kilómetros por hora, y que es constante durante uno, dos, tres y hasta cuatro días consecutivos; permitiendo descansar algunos días, para que su ocurrencia vuelva nuevamente a entrar en vigencia.
Este fenómeno ya es esperado (casi como tradición) por todos sus habitantes durante el mes de agosto, pero en realidad ocurre cuando un sistema de baja presión semi-permanente se instala en el Valle Central y eso es aproximadamente en los meses de agosto o septiembre, pero lo seguro es que está significando que es una época de inestabilidad atmosférica y pronto, un cambio de estación.
Los antecedentes de este fenómeno en Catamarca muestra distintos aspectos, ya sean favorables o desfavorables, pues la Historia cuando habla de las costumbres de la cultura Diagüita dice que lo llamaban ANSELMO, y reconocían sus virtudes para polenizar sus sembradíos que redundaba en mejores cosechas. Y no sólo lo conocían con ese nombre, sino que también figuraba en su estructura social como el “Llamador del Viento”, que con su voz de barítono, desde una colina, lo llamaban por su nombre.
Varios años después, cuenta la crónica, que se sufría el “ataque” del viento Norte, y allá por el año 1940 (sin que lo llamen) soplaba con tal fuerza, que tumbó una pesada fuente de hierro que adornaba la plaza 25 de Mayo, el paseo principal de los catamarqueños.
Luego de 10 años del episodio anterior, este mismo fenómeno meteorológico se “llevó” un avión DC-3 que estaba estacionado en el Aeródromo de Choya, arrojándolo en el lecho del Arroyo Fariñango.
Todas las anécdotas son válidas para ejemplificar los desastres a que se está expuesto a la hora de sufrir la ocurrencia de este fenómeno, existan o no las cortinas de viento, como el Parque Adán Quiroga y otros pulmones urbanos que hoy están.
Pero lo que implica que no todo es absoluto, en el Valle Central donde abunda el viento, que sería un válida alternativa de combustible adecuado para la energía eólica, un estudio de calidad del mismo, dio resultados negativos ya que no es el apropiado por su condición de achaparrado, necesitándose para la experiencia un viento con velocidad constante.
Estas apreciaciones pretenden ser un prólogo del estudio pormenorizado que necesita este fenómeno, pues el criterio es que cada parámetro meteorológico merece la más profunda investigación para que los resultados sean debatidos y proyectados a la comunidad, que redundará en una mejor calidad de vida.
EL VIENTO ES UN DELICUENTE
Letra: Alberto CortezEl viento es un delincuente
que se escapó de su celda.
Lo digo porque de niño
lo vi arrasar las cosechas,
lo vi jugar con la vida
como una cosa cualquiera,
reemplazar las ilusiones
de pan, por hambre y miseria,
lo vi robando el aliento
de las gentes y las bestias,
lo vi secando los pozos
y amedanando la tierra.
El viento es un delincuente
que se escapó de su celda.
No hablo del viento accidente
que llega en traje de fiesta,
cuando en las tardes de estío
se desata la tormenta;
ni tampoco hablo del otro,
metáfora del poema,
diseñador de la copla
y apuntador del poeta.
Esos son vientos de paso,
dejan su marca y se alejan.
El viento es un delincuente
que se escapó de su celda.
Hablo del viento constante
que llega un día y se queda
por mucho tiempo acechando
siempre detrás de la puerta.
Que quiere hacer un desierto
de casas y sementeras,
para que dancen su danza
los remolinos de arena
y así correr a sus anchas
sin que nada lo detenga.
Sabe que lo ando buscando
para cobrarle una deuda.
El me robó de la infancia
las primeras primaveras
y lo fue haciendo de a poco
sin que yo me diera cuenta,
sisándole sus colores
a mi cándida paleta
y ha de pagar lo que debe
por más ladino que sea
ese viento delincuente
que se escapó de su celda.
Por: Lic. Esp. Ana Beatriz Eller de Ferreyra
Servicio Meteorológico Urbano
Servicio de Emergencias Ecológicas
Fac. Ciencias Agrarias – UNCa.