| Catamarca
en la palabra de sus escritores La actividad
literaria en Catamarca cuenta con una nutrida lista de
artistas que, por medio de la palabra, intentaron e intentan
dar cuenta de la complejidad existencial por la que
atraviesa el sujeto. A su vez, la producción de los
escritores de esta provincia sólo encuentra una vértebra
unificadora: la heterogeneidad.
Esta diversidad se pone de manifiesto tanto en la
elección del género como en la temática que abordan los
autores, quienes plasman en sus discursos reflexiones,
cosmovisiones, críticas, investigaciones, deseos.
En un escueto racconto que sin duda podrá ajustarse a lo
arbitrario de las nóminas, a continuación se intentará
mencionar aquellos escritores que marcaron con mayor fuerza,
la vida social de Catamarca. |
| |
| Adán
Quiroga (1863-1904)

Nació en San Juan el 6 de marzo
de 1863. A los tres años llega con sus padres a la provincia
donde realizó sus estudios generales y residió hasta su
juventud. Fundó los periódicos La Propaganda, Los Andes y El
Nacional. Muere a los 41 años, el 10 de noviembre de 1904.
Se dedicó a actividades tan diversas como la arqueología,
la historia, la política, el periodismo, la poesía y el
folklore. Los estudios y obras en prosa tratan temas de
arqueología, de mitología aborigen y de la historia de la
conquista. A pesar de profusa producción son dos de sus
obras las que posibilitan desentrañar secretos y misterios
de la mitología indígena y apreciar poéticamente el paisaje
de la montaña: Calchaquí y La Cruz en América. Dentro de la
lírica, su obra Flores del Aire (aparecida en 1893) se
constituye en la obra poética de mayor importancia por
incorporación de una naturaleza virgen como fuente de
inspiración.
Mi musa Mi musa es lo ideal. Cuando la llamo
acude a mi reclamo, junta mis ayes de dolor, dispersos
y les hace callar, los inspira, les entrega la lira y
vuelven a mí soñando versos.
Es en mis sueños al pensar, sencilla; y va por su
mejilla las curvas del reír a su semblante; cobra aire
regio y actitud de diosa si medita afanosa en el
noble, lo inmenso y distante.
¡Musa de las entrañas de mi tierra perfume de la
sierra, eco lejano de los grandes ríos: cuántas veces,
en ósculo abrazado, tu voz, no se ha mezclado a la
tristeza de los versos míos!
En la Aldea
Yo tomo a tu seno, aldea en el rigor del estío; ya
contemplo tus casitas, la torre, el molino, el río.
Miro allí verdes sembrados, huertos d fruto opimos,
y los viñedos que crujen al peso de los racimos.
Allí una aldeana veo, que va por agreste ruta
conduciendo en la cabeza una cesta llenas de frutas.
Más allá los labradores que toman de la faena,
siempre alegres y cantando sin rigor, afán o pena.
Y por la falda del cerro el pastor va tras la oveja,
y la trepadora cabra y los bueyes con su reja.
|
|
|
| Ezequiel
Soria (1873-1936)

Nació en San Fernando del Valle
de Catamarca, el 23 de febrero de 1873. De niño se interesó
por la literatura y una vez finalizados sus estudios
escolares viaja a Buenos Aires para cursar la carrera de
Derecho y Ciencias Sociales. No concluyó la carrera pero
estudió las materias relativas a su posterior actividad
teatral. Escribe un sinnúmeros de obras dramáticas y desde
1899 hasta 1901, Ezequiel Soria recorre Europa con afán de
investigador y en busca de perfeccionamiento teatral. Muere
en Buenos Aires e 24 de julio de 1936, a poco de cumplir
sesenta y tres años. La importancia de este autor es que con
él nace el teatro como género dramático en Catamarca. Dentro
de sus obras más destacas encontramos “El año 92”, “El
Sargento Martín” y “Justicia Criolla“ donde introduce un
tipo de vida porteña d gran ascendencia en la sociedad de
principios de siglo XX: el conventillo.
“El Deber”(...) Wenceslao: -“Qué vida más
atrasada. Sobre andar uno pobre, los negocios de las mujeres
lo embarullan más. Los celos de la Josefina por un lado, las
peleas con doña Giacumina por otro, pa final lo
ofendido que está conmigo Pascual, me tienen la cabeza más
caliente que un asador al fuego. Es que las mujeres a veces
emborrachan más que el vino. A veces pienso no ocuparme más
que de la chata y los mancarrones, trabajar mucho, ver si le
pianto al patrón algún viaje que me de pa la “copa” y
volverle la espalda a tuitas las hembras; pero ellas pa
hacer el amor no pagan patente, se le atraviesan a uno en el
medio, y ya metido uno en el medio, no hay medio de volverse
pa tras. Y luego que si me paro en una esquina, me requinto
el chamberguito y me pongo así como distraído a cantar entre
dientes algún estilo, ya se sabe, cuanta vaga pasa por cerca
de mí la hago de fijo palpitar; se me acerca, me sonríe, me
echa unas miradas más puntiagudas que la punta de un
cuchillo, nos hablamos un poco, me doy con ella un poquito
de corte, y en el primer baile con corte que se me presenta,
ya no me quedo corto y sigo la bolada hasta que me aburre y
entonces sí que le hago un corte de... amores y espianto...”
(...)
Los acróbatas
En un circo de pruebistas,
una noche de función,
en el entreacto conversan,
en el foyer interior,
los artistas que descansan
de su pesada actuación.
Tocan mil temas diversos,
más luego se oye una voz
que escuchan todos atentos
con interés y fruición.
Les habla el viejo payaso
de unos versos que él oyó
y que un poeta escribiera
dedicándolos al clown.
Pídenle los camaradas
que de aquella inspiración
les “declame” algunos trozos,
a lo que el viejo accedió;
y así en el circo, esa noche,
dijo estos versos el clown:
“Son los artistas queridos
de nuestra primera edad,
pájaros en libertad
siempre errantes y sin vida;
vuelan con inquieto afán
tras las quimeras del arte,
arriban de cualquier parte
y a cualquier parte van.
Son los que libres de aliños
su franco humorismo vierten
los que a los niños divierten,
a los grandes vuelven niños.
¿Quién no recuerda en su ocaso
que allá, en los lejanos días,
en las más dulces alegrías
se las brindara un payaso?
Son los antiguos juglares
en el circo “triunfadores”
los modernos sembradores
de alegrías populares.
Dicen simplezas, donaires,
saltan, ruedan, se dislocan
y la admiración provocan
de sus giros por el aire.
Doman fieras y corceles
y la gente, divertida,
ve cómo exponen sus vidas
entre luces y oropeles.
Cuando tienen un pesar
deben al punto fingir;
ante el público reír
aunque se quiere llorar.
Y aquel circo, aquella pista,
bien redonda en su extensión,
sin tramoya ni telón
es la escena del artista;
allí luce sus primores
la farándula ruidosa,
alegre, ingenua, “extremosa”,
buscando aplausos y flores,
y en la pista contenida
gira aquella caravana,
igual que la grey humana
dando vueltas en la vida
son los artistas queridos
de nuestra primera edad,
pájaros en libertad,
siempre errantes y sin nido.
|
|
Ir arriba
 |
| Julio
Sánchez Gardel (1937-1979)

Nació en Catamarca e 15
de diciembre de 1879. inicia la escuela primaria en un
pueblo de la campaña y continúa sus estudios secundarios en
el Colegio Nacional donde organiza su primer grupo
filodramático estudiantil. Viaja a Buenos Aires para
estudiar Derecho, carrera que abandona para dedicarse a
deambular por las calles de la gran ciudad en búsqueda de
inspiración temática para sus obras. Sánchez Gardel
desarrollará su extensa producción dramática en los años
que se comprenden entre 1904 y 1930. Fallece en una casa
quinta de Témperley , el 18 de mayo de 1937, un año después
que Ezequiel Soria. El realismo y el conflicto social se
traducen en sus obras más importantes como “Los Mirasoles”,
“La montaña de las brujas”, “Las Campanas” y “Noche de
Luna”.
Noche de Luna(...) Don Cástulo: -“Claro, aquí
vivimos como en familia. Uno me traía un catre rengo, para
ponerle una pata, no le corbata porque era pariente; otra
devota me traía un santito para que le pusiera orejas y
narices, que se la habían comido los ratones, tampoco
cobraba porque era otro pariente. Con todo, no me faltaban
algunos regalitos de gallinas viejas y de pollos flacos.
Después murió mi pobre mujer... Entonces tuve que vender lo
poco que tenía para pagar al boticario y al médico, que no
eran parientes míos. (Muy sentimental). Me quedaba todavía
una sola alegría, un solo consuelo, y volví a trabajar con
doscientos pesos que me dio mi finado hermano, tu padre...
Vos no te acordás de mi hijito Luis, era muy chico cuando
vos te fuiste... Era un taruguito así... Vivo,
inteligente... Todos tenía chochera con él. Estaba
adelantadito en la escuela... Lo iba a hacer médico. Vivía
orgulloso y la gente me consideraba más porque sabía lo que
mi hijo iba a ser. Un día volvió de la escuela quejándose de
la garganta... Con los ojitos medio vidriosos me miraba como
suplicándome que lo aliviara de sus dolores... A las pocas
horas murió... (Pausa). Con los últimos tablones le hice un
cajoncito blanco con tapa de vidrio; parecía un angelito
dormido. Con los muebles, con las pocas herramientas que me
quedaban, compré un mármol que coloqué en su tumba, una
tumba bonita con un jardincito. La cruz se la hice yo mismo.
Tallé en ella su retrato... ¡El mejor trabajo que he hecho
en mi vida! (Secándose las lágrimas) Mis manos no han vuelto
a trabajar (Solloza)!
|
|
Ir arriba
 |
| Higinio
Rizo (1896-1920) Nace en Villa Dolores el 11 de
enero de 1896. Cursa sus estudios primarios en escuelas de
Valle Viejo para luego estudiar disciplinas humanísticas con
los sacerdotes del Seminario Conciliar de Catamarca. En 1914
se traslada a Capital Federal con el objeto de doctorarse en
Derecho en la Universidad Católica pero solo permanece seis
meses, preso de la profunda tristeza que le producía la
metrópolis. En consecuencia, regresa a Catamarca con motivo
del fallecimiento de su madre, situación que marcará
definitivamente su obra. Se recibe de maestro normal y se
dirige a Neuquén, donde pondrá final a su vida suicidándose
el 10 d julio de 1920.
Rimas del dolorDichoso tu, poeta, que cantas a la
vida,
dichoso tú que alientas deseos de vivir.
Mi alma es como el alma doliente del suicida,
ni cree en el presente, ni anhela el porvenir.
Triste es la vida cuando el alma sola
vive en la ausencia de su ser querido
vagando en un confín desconocido
lejos de su terruño y su amor.
Triste es la vida si la muerte sueña
en ilusiones gratas ya perdidas,
en flores de las plantas desprendidas
en esperanzas que agostó el dolor.
¿Por qué el hastío de la vida, el tedio
insoportable que invade mi alma?
¿Por qué la eterna sombra de la muerte
de mí, jamás se aparta?
¿Por qué lloro silencio tantas veces
sin que empañe mis ojos una lágrima?
|
|
Ir arriba
 |
| Carlos
Quiroga (1887-1971)

Nació en San Fernando del Valle
de Catamarca el 14 de junio de 1887, ciudad donde cursó sus
estudios primarios y secundarios. Se gradúa en La Plata de
abogado y regresa a Catamarca para asumir como Juez en
Primera Instancia en lo Civil y Comercial llegando luego a
ocupar la Presidencia de la Corte de Justicia. Su producción
literaria comprende el ensayo histórico, la biografía, la
poesía y la narrativa con títulos como “Narraciones y
motivos de la montaña andina”, “La raza sufrida”,”Cerro
Nativo” entre otros. Muere en Lomas de Zamora, a fines de
marzo d 1971. |
|
Ir arriba
 |
| Juan Oscar
Ponferrada (1907-1990)

Nació en Catamarca el 11 de
Mayo de 1907. El noveno de diez hermanos, pasó su infancia
improvisando representaciones teatrales en las calles de su
barrio. De joven viaja a Buenos Aires donde se desempeña
como periodista y crítico para diarios y revistas. Su
formación docente le permite acceder a cátedras en la
Escuela Nacional de Bellas Artes y Manuel Belgrano. Ocupó
cargos de importancia en la función pública: fue Director
del Instituto Nacional de Estudios de Teatro, Secretario
General de Argentores y creó el Seminario Dramático. Dentro
de su basta producción literaria se encuentra “Flor
Mitológica”, “El carnaval del diablo” , “Los incomunicados”,
“Un gran nido verde”, “Los pastores”. Luego de padecer la
enfermedad de parkinson, fallece el 5 de septiembre de 1990.
El carnaval del diablo(...) “Encarnación:-¡Tenía
que ser así! Mira tu obra. Esto no es otra cosa que un
castigo.
María Selva:-Tienes razón. Es mi castigo. El último...
¡Yo he matado a mi hija...! ¡Sombra de mal querencia son
sosiego... sombra perseguidora y perseguida... (Pausa)
¡Maldita sea la áspera semilla del primer hombre que sembró
mi vida, y la extraña que dio su fuerza ciega para que
germinara en cosa viva...! ¡Maldita sea la sangre de mi
sangre, río de sufrimiento, triste río...! ¡Maldita el agua
oscura y dolorosa derramada en la tierra de los hijos...!”
(...)
(...)”Don Cruz:- El baile alegra, sí. Por eso están
alegres... Todos están alegres... Y yo también, velay...
¡Que me lo diga el Pucallay!. ¡Ah, churo! ¡Vos sí que sois
alegre, brujo lindo! (Derramándole vino a la cabeza). Tomá
un trago a tu salud. Porque vos sos la alegría de los pobres
y yo también soy pobre... ¡Pobre, sí! ¡Siempre pobre...! ¡Se
nace pobre y hay que morir pobre, aunque se tenga las
talegas llenas...! ¡Sí, señor... los pobres somos pobres
aunque tengamos plata...! (Toma otro trago) No, no, yo de
eso no me quejo... Si me casé con ella es porque nada de eso
me importaba... Al fin y al cabo, si eso no hubiera
sucedido, ella no sería mía... Sí, señor... Yo de eso no me
quejo... Pero lo que me duele es que los pobres sean pobres,
aunque tengan la plata de los ricos... ¡Eso me duele,
Pucallay, porque ella nació rica... y en vez. Yo, nací
pobre!”(...)
|
|
Ir arriba
 |
| Juan
Alfonso Carrizo (1895-1957)

Nació el 15 de Febrero
de 1895 en San Antonio, departamento Fray Mamerto Esquiú.
Fue el sexto hijo de once hermanos en una familia de
recursos escasos. Por ello de adolescente redactaba
discursos escolares para sus vecinos percibiendo por ello
una mínima remuneración con la cual solventaba sus gastos.
Obtuvo el título de maestro Normal y viajó a Buenos Aires
donde se desempeño en el Consejo Nacional de Educación. En
sus vacaciones viaja a Catamarca para recolectar coplas y
canciones populares lo que se traducirá tiempo después en
sus más importantes investigaciones literarias entre las que
se destacan “Antecedentes hispano-medievales de la Poesía
Tradicional Argentina”, “Historia del Folklore Argentino”,
“El Cristianismo en los cantares populares”, “Cancionero
popular de Catamarca”. Su partida se produjo el 18 de
diciembre de 1957 en Beccar.
La fe del ciego“Camina la Virgen Santa
camina para Belén.
En la mitad del camino
pide el niño de beber.
Le dice la Virgen Santa:
No bebas agua, mi bien
Que las aguas corren turbias,
De no poderlas beber.
Caminan más adelante
Topan con un naranjal.
El que lo estaba cuidando
Era un ciego que no ve.
Le dice la Virgen Santa:
Ciego que nada ve,
Dele una naranja al niño
Para que aplaque la sed.
Responde el ciego y le dice:
Corte lo que es menester.
Cuando más cortaba el niño
Más volver a florecer.
Le dice la Virgen Santa:
Dios te lo pague mi bien,
Con la bendición del niño
Abre los ojos y ve.
A gritos decía el ciego:
¿Quién me ha hecho este milagro?
¡Yo soy la Virgen María,
camino para Belén.
Aquí se acabó este verso
Ya Cristo nació en Belén
Los pajarillos del campo
Le canta su gloria. Amén.
|
|
|
| Luis
Franco (1898-1988)

Nació en Belén en 1898, ciudad
a la que tiempo más tarde llegarían a visitarlo
personalidades como el escritor Oliverio Girondo y el
presidente Arturo Illia. Los estudios universitarios y la
conscripción lo llevaron a Buenos Aires donde se emplea en
la Biblioteca Nacional del Maestro. Esta actividad le deja
tiempo libre, pronto descubre que no nació para abogado ni
empleado y regresa a Belén a trabajar en el campo. Esto no
obstaculizó ni impidió su carrera de escritor y demostró que
conjugar con sus manos la cuchara de albañil, la pala y la
pluma no fue para él algo difícil de conseguir. Murió pobre
y enfermo el 1º de junio de 1988 en Buenos Aires, meses
antes, la Universidad Nacional de Catamarca lo había
designado Profesor Honorario. El autor de “La flauta de
caña (1920) y de “Guitarra adentro y otros cuentos” dejó
una rica e interesante herencia literaria que es reconocida
aún hoy en los ámbitos académicos locales, nacionales e
internacionales.
Link:
www.letralia.com. Nota de Jorge Tula “Vida y muerte de
Luis Franco” Artículo publicado en El Ojo en la Tinta. 1998.
Noctuno Nº3Con hambre y sed de soledad.
A estas orillas vino mi corazón nocturno a pastorear sus
penas.
Como en el puente de un barco mirando más allá de las olas y
la
noche.
Junto a mí, con su mano sobre su hombro, siempre el recuerdo
con sus ojos cansados,
Y todas mis lejanía, holladas o vírgenes.
Tú en mí, siempre, como una patria en el pecho de un héroe
Y mis sueños que tienen forma de ala y tienen el color de
tus ojos
Dolorida más que una carne el alma,
Y el líquido rumor de la fuente que lava las calladas
heridas.
Tu lejanía se aprieta sobre mi ansia y yo arañando en la
hondura
Quiero desengarzar para mandarte la estrella más latidora
Viviéndote, maravillosa, en pulso y en respiro, con la
vehemente
vigilia de las estrellas
Hasta el alba velaré tu recuerdo.
Latido a latido mediré la noche. De pronto te me apareces...
¿Dónde?
Y cierro bien los ojos porque no te me vayas.
Pero no hay mas que tu ausencia, la ausencia que agranda la
noche.
|
|
Ir arriba
 |
| Jorge
Paolantonio

Nació en 1947. Reside en Buenos Aires
desde 1982. Es escritor, traductor y profesor universitario
en Lengua y Literatura Anglosajona. Su producción literaria
recorre diversos géneros: poesía, novela y teatro. Todas sus
piezas teatrales fueron estrenadas, excepto la trilogía
Teatro I (2003) que aún no ha sido puesta en escena.
Ceniza de orquídeas fue redactada bajo la Beca Nacional
de Creación Literaria 1998-99 otorgada por el Fondo Nacional
de las Artes, y resultó finalista del Premio Planeta 2000.
En 2004 fue publicada su última novela Algo en el aire,
finalista del Premio Planeta 2003. Lleva publicadas
numerosas obras, de ellas se destacan “Clave para abrir las
pajareras”, “A imagen y semejanza”, “Lengua devorada”,
“Replandor de los días inusitados” dentro de la poesía.
Dentro de la narrativa dos de sus novelas fueron finalistas
del premio planeta “Ceniza de orquídeas” y “Algo en el aire”.
Secuela del nombre que nos toca I
anotados que fuimos
sin vestigio
de los que murieron con los ojos abiertos
así ya escrito
sin rastro de los músicos herejes
que descollaron en arpegios y narices
nada es visible en el libraco
donde sacuden su harina los abuelos
los eternos dogos rampantes
todo es niebla cenicienta
hasta que una uña amarillenta
decreta que estamos en el mundo
y para honra luminosa de un apellido
empeñado en hidratar un semen
que fue siempre de la lluvia
Estelas halladas bajo liras y otros instrumentos
cortantes
VII
en la estela de
labios embebidos en cera
milenios de rosas de lacre
sin abrir a cuál verdad
en qué remotísima lengua
dejó de ser
amor clamor sexo
que ya no nunca En base al libro Historia de las letras en
Catamarca. CALAS DE CLARK, MARIA ROSA. |
|
Ir arriba
 |
|