La María Soledad que no fue

Por Silvana Avellaneda

El escenario

Cuando el cuerpo ultrajado de Rocío Ubilla fue encontrado –el 30 de octubre de 2006, en la ciudad de Catamarca- los primeros rumores del hallazgo fueron acompañados de una contundente presunción: el crimen de la adolescente tenía casi idénticos patrones al caso María Soledad la impronta político-judicial por la que aún sangraban heridas.

En la historia confluyeron todos los elementos del drama -que desde el sentido común- se repetía: una chica bonita y angelical pero pobre que logró con su imagen tener un lugar propio en la vidriera de la sociedad pacata y conservadora.

Ella –para el imaginario- había logrado atravesar los límites simbólicos y naturales entre el centro de la ciudad y el sur de su casa en el gran asentamiento (eufemismo catamarqueño para designar a las villas miserias) de Santa Marta. Un páramo donde, por la pendiente natural del valle, se amontona la basura que lleva el viento y el agua de las lluvias de verano.

 

La puesta en escena

El análisis de la construcción de la noticia policial sobre el Caso Ubilla es posible abordar, además de los parámetros clásicos de indagación sobre el género, desde la cuestión del cuerpo femenino y la violencia sobre él ejercida como problemática social.

Los modos discursivos de la prensa gráfica hacen visibles, en imágenes y palabras, la violencia que sufren las mujeres víctimas de abuso sexual y la discriminación transportada en estereotipos relativos al sexo y al cuerpo femenino que se delatan en los propios relatos periodísticos: desde la victimización o el sensacionalismo en el tratamiento de cada caso.

En este proceso surge, probablemente por la presión del tiempo sobre la construcción de la crónica, y la inserción de medios y periodistas en las representaciones que circulan en la sociedad, la paradoja de una nueva discriminación de la mujer abusada. El discurso periodístico se convierte en un ámbito donde resuenan representaciones del orden social, religioso y político que circulan en el entramado social, y que se objetivan en el tratamiento y construcción de la noticia periodística.

Por esto, los discursos traducen jerarquías y juicios sociales sobre prácticas aberrantes que alteran el normal acontecimiento de las cosas; transporta las miradas y sanciones sociales sobre víctima y victimario, y reproducen -por marcas discursivas- los estigmas y estereotipos sociales sobre lo femenino.

La construcción de sentido que los diarios realizan sobre los casos policiales pone en juego en el tratamiento de estas noticias. La diversidad de manifestaciones discursivas donde aparecen huellas de la violencia tiene, en los medios de comunicación, un lugar de referencia para las sociedades de las que forman parte y son espejo.

Por esto, y a los fines de este trabajo, se analizaron las ediciones de dos diarios de referencia: a nivel nacional, “Clarín”, y a nivel provincial en Catamarca, “El Ancasti”. Se tomaron las ediciones comprendidas entre el 25 de octubre al 20 de noviembre de 2006 del diario provincial “El Ancasti” , y del 29 de octubre al 3 de noviembre de 2006 del diario de tirada nacional “Clarín”.

 
¿Causas y efectos?

Siete días antes, la desaparición de una chica de 15 años se publicó en un recuadro a una columna, en la parte inferior de las páginas impares, de la sección policial del principal diario de la provincia de Catamarca: El Ancasti.

Aunque se hizo una denuncia policial, el 24 de octubre, las fuentes de estos artículos eran los propios padres de la chica. Hacen referencia a características físicas de la joven, teléfonos dónde contactarlos o comisaría a la cual recurrir en caso de poder aportar “algún dato valioso”, como señaló la madre en una de las publicaciones. Los recuadros responden a una comunitaria o solicitud de paradero como se acostumbra sacar en las contrapágina de los grandes medios nacionales.

Pero el 28 de octubre se produce un quiebre en el tratamiento: la solicitud de paradero se transforma en una nota central, página par, foto a dos columnas vertical y titulación a dos líneas que cobra mayor énfasis en boca de los padres: “Menor desaparecida: los padres temen que haya sido secuestrada”.

En esta crónica en particular hay que tener en cuenta varios aspectos que después se rompen en la transformación del suceso: Rocío Ubilla es “la menor desaparecida”,  la suposición “de que haya sido llevada contra su voluntad” se destaca como quiebre en el “discurrir esperable de la vida cotidiana” (parafraseando a Barthes) y los padres son solo “los padres de la menor”. Hay cierta impersonalidad sobre los sujetos que protagonizan el drama en ciernes.

En forma puntual, se distingue la consolidación de una construcción que apunta a emparentar el caso con otros que tuvieron repercusión social y política en la provincia. Una instancia que Martini (2000) define como “supuestos”, saberes en distintos niveles informativos que apelan directamente al lector y contextualizan el hecho:

-         informativos (la desaparición de una “joven modelo” durante una semana, la búsqueda de sus padres, la presunción de que se trate de obra de redes de prostitución)

-         históricos (la indefensión y abuso de adolescentes representados en el caso María Soledad, el caso Cólica de prostitución de menores, la muerte de Romina Frías y otros)

-         interpretativos (al lector se lo ubica en un rol activo de decodificación de la información, donde marcas y señales remiten a otros supuestos sobre el caso en sí),

-         de relación (presupone el conocimiento previo del lector al referenciar cuestiones como “estaba en la parada del colectivo, sola” emparentado con un dato clave del caso María Soledad).

 

Esta perspectiva se emparenta con el argumento de Bengoechea (2000:3) que sostiene que la tendencia en los medios de comunicación es hablar “de las mujeres víctimas como seres pasivos, a quienes no se las concibe como sujetos capaces de cambiar su situación, de idear estrategias o tener fuerza de cambio”.

Con la desaparición de Rocío Ubilla, los temores de los padres sobre un posible secuestro traen de nuevo a primera plana esa concepción de “la adolescente indefensa víctima de circunstancias que acechan”, al decir de Bengoechea. En la crónica, se destaca el relato que apela a la voz de la madre para consolidar esta imagen:

“Según detalló la madre, “Rocío es una chica muy activa, practica danzas y estudia inglés a la tarde. Es muy querida entre sus amigos y además es conocida porque es modelo de una casa de ropa (ver aparte). Por eso pido que quien tenga información me avise porque ya no sé dónde más buscar”.

Pero el “acontecimiento”, la ruptura “aberrante” de la realidad conocida y esperada -en definición de Barthes “que supera el normal curso de lo cotidiano”- aparece claramente con la noticia del hallazgo del cuerpo de la adolescente, el 30 de octubre.

La edición del 31 de octubre encabeza la tapa, a letra catástrofe con la confirmación del hallazgo. La enunciación de los principales titulares de portada y notas centrales representa la conmoción que significó la noticia.

Todas las notas son acompañadas de fotos del lugar del hallazgo, de la joven con vida modelando (marca el contraste entre el antes y el después del hecho) y de otros protagonistas, directos o indirectos: los padres, los compañeros, los policías y, lo particular que mantiene la idea de una cuestión cíclica.

La opinión de políticos oficialistas y opositores comienza un interjuego donde el relato se traslada a lecturas políticas. Martini dice que toda noticia policial tiene un sesgo explícito o velado de “arena política”: en este caso, las voces de candidatos, hasta del propio Gobernador, consultados, refuerzan una lectura tendenciosa del caso, que pone –por unos días- en jaque al oficialismo:

“La forma en que encontró el cuerpo de Rocío y algunas similitudes con el Caso María Soledad Morales causaron preocupación en el Gobierno. De allí es que surgieron expresas directivas para un rápido esclarecimiento del crimen...”.

“El concejal capitalino por el PJ barrionuevista, Hugo Argerich,  aseguró que el pedido de renuncia de los responsables de garantizar la seguridad en la provincia “no es un acto demagógico”.

         Esta es la primera crónica de una serie de ocho días en los cuales el manejo de las fuentes se mantiene en la misma línea: salvo las menciones a padres, abogados y algunos allegados a la víctima, las citas sobre el curso de la investigación o datos claves son remitidos a fuentes no personalizadas pero sí institucionales como “fuentes policiales” o “fuentes judiciales”. En todos los relatos, se da por sentado la validez de las versiones policiales y judiciales.

         Los relatos que se sostienen enfatizan, desde el sensacionalismo y en el curso sucesivo del caso, los aspectos más escabrosos del hallazgo, de la vida personal de la adolescentes y de la trama familiar de la joven.

“El cuerpo de la adolescente Rocío Ubilla (15) fue encontrado ayer a la mañana sin vida, mutilado por los animales y con signos de golpes en el rostro, por efectivos de la Policía de la provincia en un rastrillaje que se realizó al sureste del barrio Santa Marta, cerca del domicilio de la familia de la menor…Trascendidos extraoficiales indican que … tenía señales de golpes tanto en la cara como en el cuello, como así también otras evidencias que inclinarían a pensar que habría sido abusada sexualmente antes de ser asesinada”.

 

         Los trascendidos sirven para sostener los principales aspectos del relato, que apenas se interrumpe por algunas voces indirectas que aportan –sin aparecer en forma explícita- los datos que le dan fluidez:

“..lo hallaron a unos 150 metros hacia el sur del Camino a La Ripiera, tirado boca arriba y con la cabeza orientada hacia el este, en medio del monte. Tenía aún puesto el uniforme de la escuela, el pantalón gris de vestir, la camisa blanca, una corbata azul y el bolso azul con tiras negras en el que aún estaban sus útiles.

El pantalón estaba puesto sólo en una de las piernas y al parecer producto de la acción de las alimañas, la ropa estaba ...”.

 

         Este fragmento es significativo porque representa la tónica de la serie de notas que siguieron la evolución del caso en la prensa. Y es en este texto donde, desde el sensacionalismo, el tratamiento del relato sobre el cuerpo de la víctima cobra sentido en relación con el “cuerpo social”, para Estramina y Fernández (2006:55-67) para quienes “el cuerpo de la mujer termina representando al cuerpo social. Un cuerpo deforme o seductor, deformado o ultrajado tiene todos los miedos que dan forma y constituyen nuestra propia identidad personal y como sociedad”.

 
¿Sutilezas?

         Ni en este ni en los siguientes relatos sobre el caso hay sangre. Pero, al decir de Martini (199?), “el detalle se vuelve obsceno y trasciende el ámbito íntimo de la víctima a los primeros planos”.

         El sentido de quiebre de lo normal se acentúa con el fenómeno de la serialidad de la noticia, que se retoma cuando existen elementos coincidentes con anteriores de similar impacto, o que se incluyen en agendas ya reconocidas “que favorece la clasificación rápida de un nuevo acontecimiento y facilita su presentación al público, ya que lo supone conocido” (Martini.2000:39). La serialización conlleva consecuencias de un hecho y comentarios sobre un hecho que implicarán en este caso, el seguimiento informativo (que mengua en importancia a medida que avanza la causa judicial y se agotan los recursos de cobertura); y la intervención de especialistas, que sostienen el relato serializado o ayudan a extenderlo (en la última semana de noviembre, las notas del diario se limitan a declaraciones del abogado, la presencia de médicos que analizan las causas de la muerte). La serialidad de acentúa con la aparición de un cintillo con el texto “El crimen de Rocío” en todas las páginas dedicadas a la cobertura del caso.

Esta trama provoca que la repercusión a nivel nacional llegue un día antes del hallazgo del cuerpo, cuando Clarín publica la noticia de la desaparición de la adolescente. Aparece como nota de corresponsalía, en página par, a dos columnas, con el énfasis puesto en la investigación de un supuesto policía implicado en el caso.

Pero con Rocío muerta, el diario hace foco en el impacto en la opinión pública de la provincia y en la relación del crimen “con otros hechos aberrantes”:

         “Conmociona a Catamarca la muerte de una adolescente”.

 

Los elementos están a la vista: las palabras son la clave para instalar el tema (“conmoción”, “Catamarca”, “muerte”, “adolescente”); se dedica una página par, a cuatro columnas, foto y el relato pormenorizado y veladamente novelado que envía el corresponsal. Cada frase vuelve a jugar con el par de bondad-maldad, pureza-brutalidad:

“Era un día como cualquier otro, por eso Rocío Debora Ubilla, de 15 años, salió de su casa del barrio Santa Martha —en las afueras de Catamarca— cerca de las siete de la mañana del martes pasado y tomó el colectivo que la llevaría al colegio, en el centro de la ciudad...”

“La Policía la encontró finalmente ayer a la mañana, muerta y semidesnuda...”

“Tenía puestos los zapatos, las medias y a un lado se encontró su mochila con sus útiles escolares. El cuerpo estaba en avanzado estado de descomposición...”.

La comparación del medio nacional con el caso María Soledad, sus repercusiones y sus consecuencias políticas es directa. Un cuadro relacionado trae los antecedentes del caso y los emparenta con el de Ubilla.

La lectura y serialidad de la noticia (que se mantiene a lo largo de cuatro días como “el crimen de la adolescente de Catamarca”) se ve como cíclica, irremediable:

“Rocío Débora Ubilla tenía 15 años y vivía en Catamarca. Desapareció. Sus padres la buscaron durante días y finalmente su cuerpo fue encontrado en un descampado. Imposible para los catamarqueños y, en realidad, para cualquiera con memoria, no recordar inmediatamente a María Soledad Morales (17) cuyo crimen terminó con la dinastía de los Saadi  y creó una nueva manera de protesta social: las marchas de silencio...”.

 

         En los relatos aparece la estructura, para Martini (2003), de “la perversión sobre la inocencia de la víctima”, sostenido por las fuentes –directas o indirectas-, por el posicionamiento de quien escribe que deja de usar el “ellos distanciado” con que se aludía a “los padres” y a “la adolescente” para convertirse en un “ellos inclusivo”, personal, cercano que involucra a actores directos, secundarios y meros observadores del drama. A partir de la crónica del 31 de octubre sobre el hallazgo del cuerpo, las crónicas comienzan a hablar de “los padres de Rocío”, “Rocío” y “el caso de Rocío”.

         La conmoción se traduce en actores del drama que equiparan situaciones y que los medios refuerzan la lectura de similitudes apelando a los supuestos de la audiencia rituales y circunstancias que tuvieron efecto durante el Caso Morales, se repiten.

El medio nacional, en vistas de un caso similar, pone el foco en las marchas del silencio que organizan los padres de la joven:

“Los Ubilla recibieron el apoyo de la monja Martha Pelloni, clave en el caso María Soledad, y de Gustavo Melmann, padre de Natalia (una joven asesinada en Miramar)...”.

 

La generalización se acentúa en supuestos que los mismos actores incluyen en el escenario.

El lema “Todos somos Rocío” acerca el drama y apela a quien lee (y mira), como crónica el diario provincial:

“Si bien todavía no sabemos cómo está el cuerpo de ella, pero es más o menos lo mismo que María Soledad, porque es una adolescente que la mataron igual", expresó una de sus amigas...”

 

         En el diario catamarqueño, al segundo día de encontrado el cuerpo de la adolescente la noticia tiene movilidad: se mantiene en la sección policial pero se traslada en recuadros secundarios, pero de la 2 página, el pedido de los ediles opositores para que se investigue el crimen. Se toman declaraciones del gobernador que pide “se haga justicia” y se anotan repercusiones varias en el ámbito de la legislatura. Se anuncian la llegada a la provincia de Gustavo Melman, representante del Programa Nacional Anti Impunidad y padre de Natalia Melman, una chica de 15 años que fue asesinada en Miramar, y de Juan Carlos Blumberg, padre de otro adolescente secuestro y asesinado.

         La serie, con el desarrollo del caso, va dejando de tener un tratamiento temático en el diario provincial. En forma progresiva, cede el espacio central de la cobertura policial: de dos planas se pasan a una entera, a lo sumos dos cuartos de página. También baja la presencia en portada: de ser título central se desplaza a los recuadros secundarios del margen derecho o a la foto base de tapa. Y el relato se focaliza en un tratamiento episódico: cada vez más aparecen elementos que remiten a la responsabilidad individual, el hecho se va despegando de un contexto social del que es causa y se reduce a un mundo privado que se espía, como sucede en el relato del 17 de noviembre de 2006:

“La madre negó enfáticamente una supuesta relación amorosa entre la víctima y el policía Machado, esposo de la empresaria Liliana Sana, a su vez madrina de Rocío.

El dato, que fue adelantado en exclusiva por este diario, no es menor… la supuesta relación de Rocío con Machado fue introducida en el expediente por el testimonio de una amiga de la adolescente, que además comentó datos de la personalidad de la víctima...”.

 

         El posicionamiento del medio no deja de ser sensacionalista, reflotando los componentes mórbidos de la trama pero con un cambio de eje: la víctima pasa a ser cuestionada en un juego que Martini llama de “doble victimización”.

El drama es el reflejo de una conducta desviada, a decir de Madriz (2000:13) “la víctima culpable suele ser satanizada si tiene relaciones con varios hombres, si tiene hijos siendo soltera y pobre. Si en el momento del ataque estaba bebiendo o drogándose...”.

         La noticia pierde la primera serialidad en este contexto. El poder que oculta desaparece y se transforma en el entorno directo-familiar que oculta. El drama pierde fuerza y, en el caso del diario provincial, el caso apenas se sostiene con dichos y desmentidas de otros actores que develan un drama privado y sórdido que pone en juicio a la víctima incluso con el posicionamiento de quien relata:

Es posible que dicha relación haya escapado al conocimiento de la madre y del padrastro de Rocío? A juzgar por los hechos, sí. De hecho, Rocío había iniciado una relación con el concubino de su propia madrina...”.

 

         Con el correr de los días y la aparición de testimonios que van echando por tierra la hipótesis de un crimen donde intervino un “poder mayor”, el diario provincial mantiene el cintillo del “crimen de Rocio” como parte de la serialidad temática de las primeras semanas pero destina una plana completa al caso; se vuelve intermitente la aparición en tapa. Las crónicas son menores y la sección comienza sus aperturas con otros temas: el caso deja de las páginas centrales.

En el diario nacional, apenas aparece un flash o un recuadro secundario dando cuenta de alguna novedad con los detenidos por el crimen, tras una serie de cuatro notas (destacadas entre cuatro a tres columnas).

La noticia se muere cuando pierde el interés de la tríada crimen-poder-ocultamiento.

En el diario provincial por cercanía, interés y relevancia del caso -en un primer momento- la noticia si bien decae de las páginas y titulaciones en tapa centrales, aparece disminuida. Se “suspende” y sólo saldría del letargo si  el policía se declara o es declarado culpable o por la aparición de nuevos elementos que no se hayan publicado.

 
Solitario y final

El crimen de Rocío en un primer momento se anotó en la serie de “crímenes de poder” (impunidad, corrupción, víctima inocente). Incluso la participación de un policía disparó conjeturas y lecturas que equipararon al caso con el de María Soledad Morales, que terminó navegando en la arena política con la caída del gobierno de Ramón Saadi, en 1991. Las retóricas de construcción del relato se asientan en los campos policial-político.

Con el avance del caso, los hechos por sí solos lo ubicaron en la serie de “crímenes pasionales”, con elementos menos espectaculares que la primera presunción y la participación de actores “privados” (joven amante-mujer/hombre despechado-crimen y ocultamiento). Las retóricas se instalan en el campo policial, develan el mundo privado pero como un escenario de drama ajeno para quien lee.

En ambas lecturas, exacerbado en las primeras coberturas que coinciden con el “crimen del poder que oculta”, el posicionamiento de los diarios analizados se da desde el sensacionalismo, que favorece “la percepción del mundo en términos de conmoción” (Martini:2002). Un fenómeno que se cierra sobre la recepción “y sobre la función de información pública en la sociedad” que, maximizado en la primera etapa, se extiende a una incertidumbre general, al sentimiento de desprotección traducido en frases y consignas como “Todos somos Rocío”, “antes se podía salir a las 12 de la noche a comprar una coca tranquila y ahora te da la impresión de que no podés hacer eso” en testimonio de una joven estudiante consultada durante una marcha.

En la segunda etapa, esta percepción es más acotada. Queda en el ámbito del círculo privado de las víctimas -que se exhibe- pero sin el marcado sentimiento de ser posible protagonista, de estar expuesto a similares consecuencias:

“La marcha contó con una baja concurrencia… De todas formas, la madre de la adolescente ratificó que seguirá reclamando… más allá de la cantidad de gente que la acompañe...”.

 

Durante la cobertura del caso, la noticia convertida en cercanía y espectáculo atraviesa las categorías de lectores informados-diarios serios-“tratamiento objetivo”.

La percepción de la realidad a partir del recorte de mundo que los diarios hacen en los relatos se sostienen en los detalles que refuerzan la lógica binaria de “bien-mal”, “puro-impuro” y apelan a conmover la emotividad como vehículo de información con dos escenarios alternativos: uno en el que todos pueden ser actores y partes; otro donde mirar –en ejercicio vouyer- el drama de la vida de otros.

 
Links Relacionados:

Conmoción en Catamarca por el crimen de una adolescente:
http://www.clarin.com/diario/2006/10/31/policiales/g-04301.htm

Nueva marcha de reclamo por el crimen de Rocío Ubilla:
http://www.clarin.com/diario/2006/11/14/um/m-01309270.htm

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