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¿Sutilezas?
Ni en este ni en los siguientes
relatos sobre el caso hay sangre. Pero, al decir de Martini
(199?), “el detalle se vuelve obsceno y trasciende el ámbito
íntimo de la víctima a los primeros planos”.
El sentido de quiebre
de lo normal se acentúa con el fenómeno de la serialidad de la
noticia, que se retoma cuando existen elementos coincidentes con
anteriores de similar impacto, o que se incluyen en agendas ya
reconocidas “que favorece la clasificación rápida de un nuevo
acontecimiento y facilita su presentación al público, ya que lo
supone conocido” (Martini.2000:39). La serialización
conlleva consecuencias de un hecho y comentarios sobre un hecho
que implicarán en este caso, el seguimiento informativo (que
mengua en importancia a medida que avanza la causa judicial y se
agotan los recursos de cobertura); y la intervención de
especialistas, que sostienen el relato serializado o ayudan a
extenderlo (en la última semana de noviembre, las notas del
diario se limitan a declaraciones del abogado, la presencia de
médicos que analizan las causas de la muerte). La serialidad de
acentúa con la aparición de un cintillo con el texto “El
crimen de Rocío” en todas las páginas dedicadas a la
cobertura del caso.
Esta trama provoca que la repercusión a
nivel nacional llegue un día antes del hallazgo del cuerpo,
cuando Clarín publica la noticia de la desaparición de la
adolescente. Aparece como nota de corresponsalía, en página par,
a dos columnas, con el énfasis puesto en la investigación de un
supuesto policía implicado en el caso.
Pero con Rocío muerta, el diario hace foco
en el impacto en la opinión pública de la provincia y en la
relación del crimen “con otros hechos aberrantes”:
“Conmociona a
Catamarca la muerte de una adolescente”.
Los elementos están a la vista:
las palabras son la clave para instalar el tema (“conmoción”,
“Catamarca”, “muerte”, “adolescente”); se dedica una página par,
a cuatro columnas, foto y el relato pormenorizado y veladamente
novelado que envía el corresponsal. Cada frase vuelve a jugar
con el par de bondad-maldad, pureza-brutalidad:
“Era un día como cualquier otro,
por eso Rocío Debora Ubilla, de 15 años, salió de su casa del
barrio Santa Martha —en las afueras de Catamarca— cerca de las
siete de la mañana del martes pasado y tomó el colectivo que la
llevaría al colegio, en el centro de la ciudad...”
“La Policía la encontró finalmente ayer
a la mañana, muerta y semidesnuda...”
“Tenía puestos los zapatos, las medias
y a un lado se encontró su mochila con sus útiles escolares.
El cuerpo estaba en avanzado estado de descomposición...”.
La comparación del medio nacional con el
caso María Soledad, sus repercusiones y sus consecuencias
políticas es directa. Un cuadro relacionado trae los
antecedentes del caso y los emparenta con el de Ubilla.
La lectura y serialidad de la
noticia (que se mantiene a lo largo de cuatro días como “el
crimen de la adolescente de Catamarca”) se ve como cíclica,
irremediable:
“Rocío Débora Ubilla tenía 15 años y
vivía en Catamarca. Desapareció. Sus padres la buscaron
durante días y finalmente su cuerpo fue encontrado en un
descampado. Imposible para los catamarqueños y, en realidad,
para cualquiera con memoria, no recordar inmediatamente a María
Soledad Morales (17) cuyo crimen terminó con la dinastía de
los Saadi y creó una nueva manera de protesta social: las
marchas de silencio...”.
En los relatos aparece
la estructura, para Martini (2003), de “la perversión sobre la
inocencia de la víctima”, sostenido por las fuentes –directas o
indirectas-, por el posicionamiento de quien escribe que deja de
usar el “ellos distanciado” con que se aludía a “los padres” y a
“la adolescente” para convertirse en un “ellos inclusivo”,
personal, cercano que involucra a actores directos, secundarios
y meros observadores del drama. A partir de la crónica del 31 de
octubre sobre el hallazgo del cuerpo, las crónicas comienzan a
hablar de “los padres de Rocío”, “Rocío” y “el caso de Rocío”.
La conmoción se traduce
en actores del drama que equiparan situaciones y que los medios
refuerzan la lectura de similitudes apelando a los supuestos de
la audiencia rituales y circunstancias que tuvieron efecto
durante el Caso Morales, se repiten.
El medio nacional, en vistas de
un caso similar, pone el foco en las marchas del silencio que
organizan los padres de la joven:
“Los Ubilla recibieron el apoyo de la
monja Martha Pelloni, clave en el caso María Soledad, y de
Gustavo Melmann, padre de Natalia (una joven asesinada en
Miramar)...”.
La generalización se acentúa en supuestos
que los mismos actores incluyen en el escenario.
El lema “Todos somos Rocío” acerca el
drama y apela a quien lee (y mira), como crónica el diario
provincial:
“Si bien todavía no sabemos cómo está
el cuerpo de ella, pero es más o menos lo mismo que María
Soledad, porque es una adolescente que la mataron igual",
expresó una de sus amigas...”
En el diario
catamarqueño, al segundo día de encontrado el cuerpo de la
adolescente la noticia tiene movilidad: se mantiene en la
sección policial pero se traslada en recuadros secundarios, pero
de la 2 página, el pedido de los ediles opositores para que se
investigue el crimen. Se toman declaraciones del gobernador que
pide “se haga justicia” y se anotan repercusiones varias en el
ámbito de la legislatura. Se anuncian la llegada a la provincia
de Gustavo Melman, representante del Programa Nacional Anti
Impunidad y padre de Natalia Melman, una chica de 15 años que
fue asesinada en Miramar, y de Juan Carlos Blumberg, padre de
otro adolescente secuestro y asesinado.
La serie, con el
desarrollo del caso, va dejando de tener un tratamiento temático
en el diario provincial. En forma progresiva, cede el espacio
central de la cobertura policial: de dos planas se pasan a una
entera, a lo sumos dos cuartos de página. También baja la
presencia en portada: de ser título central se desplaza a los
recuadros secundarios del margen derecho o a la foto base de
tapa. Y el relato se focaliza en un tratamiento episódico: cada
vez más aparecen elementos que remiten a la responsabilidad
individual, el hecho se va despegando de un contexto social del
que es causa y se reduce a un mundo privado que se espía, como
sucede en el relato del 17 de noviembre de 2006:
“La madre negó enfáticamente una
supuesta relación amorosa entre la víctima y el policía
Machado, esposo de la empresaria Liliana Sana, a su vez madrina
de Rocío.
El dato, que fue adelantado en
exclusiva por este diario, no es menor… la supuesta relación de
Rocío con Machado fue introducida en el expediente por el
testimonio de una amiga de la adolescente, que además
comentó datos de la personalidad de la víctima...”.
El posicionamiento del
medio no deja de ser sensacionalista, reflotando los componentes
mórbidos de la trama pero con un cambio de eje: la
víctima pasa a ser cuestionada en un juego que Martini llama de
“doble victimización”.
El drama es el reflejo de una conducta
desviada, a decir de Madriz (2000:13) “la víctima culpable
suele ser satanizada si tiene relaciones con varios hombres, si
tiene hijos siendo soltera y pobre. Si en el momento del ataque
estaba bebiendo o drogándose...”.
La noticia pierde la primera serialidad en este
contexto. El poder que oculta desaparece y se transforma en el
entorno directo-familiar que oculta. El drama pierde fuerza y,
en el caso del diario provincial, el caso apenas se sostiene con
dichos y desmentidas de otros actores que develan un drama
privado y sórdido que pone en juicio a la víctima incluso con el
posicionamiento de quien relata:
“Es posible que dicha relación haya escapado al conocimiento de la
madre y del padrastro de Rocío? A juzgar por los hechos, sí.
De hecho, Rocío había iniciado una relación con el concubino
de su propia madrina...”.
Con el correr de los días y la aparición de testimonios
que van echando por tierra la hipótesis de un crimen donde
intervino un “poder mayor”, el diario provincial mantiene el
cintillo del “crimen de Rocio” como parte de la serialidad
temática de las primeras semanas pero destina una plana completa
al caso; se vuelve intermitente la aparición en tapa. Las
crónicas son menores y la sección comienza sus aperturas con
otros temas: el caso deja de las páginas centrales.
En el diario nacional, apenas aparece un
flash o un recuadro secundario dando cuenta de alguna novedad
con los detenidos por el crimen, tras una serie de cuatro notas
(destacadas entre cuatro a tres columnas).
La noticia se muere cuando pierde el
interés de la tríada crimen-poder-ocultamiento.
En el diario provincial por cercanía,
interés y relevancia del caso -en un primer momento- la noticia
si bien decae de las páginas y titulaciones en tapa centrales,
aparece disminuida. Se “suspende” y sólo saldría del letargo si
el policía se declara o es declarado culpable o por la aparición
de nuevos elementos que no se hayan publicado. |